Richard Thaler y la Economía Conductual: El “Premio Nobel” de Economía 2017

Richard Thaler y la Economía Conductual: El “Premio Nobel” de Economía 2017

Por: Marco Carrasco Villanueva

Máster en Economía y Gestión, con mención en Economía y Psicología, por la Universidad de París 1: Panteón – Sorbona (egresado en 1er puesto, Summa Cum Laude), especializado en Economía Conductual y Desarrollo Económico comparado de Asia-Latinoamérica. Ha laborado y realizado investigación en diversas instituciones como la Organización de Estados Americano en Washington, DC, y la Academia de Ciencias Sociales de Shanghai, China. Actualmente labora en el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social.

Las últimas semanas en Perú hemos estados llenos de algarabía por la gran expectativa generada por el fútbol. De un momento a otro hemos visto una mejora en el estado de ánimo del peruano y en su optimismo, nos emocionamos, gritamos, reímos y lloramos. Entradas para el partido de la selección con Colombia se acabaron en minutos, la gente expresó descontento por las colas y los altos precios de las reventas, a la vez que expresaba gran expectativa y emoción por un resultado que aún nos ha brindado una posibilidad de continuar con el anhelo de llegar al mundial. Resultado esperado que solamente conoceremos luego del “repechaje” con Nueva Zelanda. Como escuche a alguien decir, sea cual sea el resultado del último partido, sin duda lloraremos… ¡Nos emocionaremos!

Todo esto nos parece muy natural, todos somos seres humanos, todos reímos y lloramos. No obstante, por mucho tiempo la economía en su afán por explicar mejor el comportamiento y la toma de decisiones de los agentes económicos a nivel macro, tomó supuestos y simplificaciones que por varios años definieron a los agentes económicos como seres racionales y optimizadores. Hoy, nadie discute la gran utilidad de dichas teorías, las cuales seguirán siendo una base fundamental en teoría económica. Sin embargo, desde hace algunos años atrás, los economistas hemos sido cada vez más conscientes de las desviaciones que los agentes tienen de este principio de racionalidad, desviaciones y anomalías que no solo efectivamente ocurren, sino que al ser “sistemáticas” han podido ser objetivo de estudio de una emergente disciplina que busca incorporar varias lecciones de la psicología y las neurociencias a nuestra disciplina, y que hoy nuevamente está en boca de la comunidad económica: la economía conductual.

Richard Thaler, el ganador este lunes del Premio en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel de 2017 (referido coloquialmente como el “Premio Nobel de Economía”) es, sin duda, uno de los padres de la economía conductual (también llamada economía del comportamiento). Los aportes de Thaler son muchos. Entre estos está el estudio del autocontrol y la propuesta de un modelo hacedor vs planeador, para explicar como muchas veces tenemos una lucha interna y sucumbimos en hacer cosas en el corto plazo, que nuestro yo planeador no hubiera hecho (una teoría muy útil al momento de explicar el tema del autocontrol, las compras compulsivas e incluso las adicciones). Así también, el estudio de las preferencias social y como la noción de justicia puede incidir en nuestra toma de decisiones, el aumento del precio de un bien en tiempo de escasez puede verse como algo natural derivado de la oferta y la demanda, algo que el consumidor debería aceptar, no obstante no son pocas las veces que los consumidores pueden y prefieren penalizar al vendedor (aun a costa personal) por permitir aumentos de precios elevados en situaciones precarias y que uno espera debería prevalecer la justicia y empatía social.

Las contribuciones de Thaler y de la economía conductual no quedan solo en modelos teóricos; en los últimos años varias de estas ideas han calado con fuerza en Europa y Estados Unidos y contribuido al surgimiento de “Nudge Units”, unidades de buscan usar las lecciones de la economía conductual y la psicología para mejorar el diseño de políticas enfocadas en el desarrollo. Un “nudge” (término popularizado por Thaler y traducido como “empujoncillo”) viene hacer un nuevo concepto y herramienta para el hacedor de políticas públicas, el cual involucra un refuerzo positivo e indirecto para tratar de lograr cierta influencia en el contexto de toma de decisiones de los agentes económicos. El mismo Richard Thaler, a través de su diseño de plan de ahorros “Save More Tomorrow” logró aumentar significativamente el ahorro para el retiro de sus compatriotas estadounidenses. Un problema que él se dio cuenta era que la gente procrastinaba demasiado, es decir, se mentalizaba en contribuir más conforme recibiera aumentos, pero luego no lo hacía. En este contexto, su plan involucró un compromiso y acuerdo base de los trabajadores  en la que estos fijaban montos de sus aumentos graduales de salarios para que vayan a sus cuentas de ahorros de retiro. Los trabajadores tenían la oportunidad de desafiliarse de este sistema o realizar modificaciones en cualquier momento. No obstante, casi la totalidad de ellos se mantuvo firme en el acuerdo inicial, demostrando así ser una estrategia útil para eliminar la procrastinación y acercar así nuestras decisiones de nuestro varias veces irracional “yo hacedor” a nuestra más racional “yo planeador”. Una estrategia que, extrapolándola a otras áreas, ha demostrado tener gran efectividad en temas de salud pública, lucha contra la pobreza, e incluso medio ambiente.

En lo personal, que el premio vuelva a recaer en un economista conductual es sin duda un aliciente para mis colegas y para mí, que venimos perfeccionándonos en esta área tan interesante y prometedora de la economía y la psicología. Cuando tuve la oportunidad de ir a Francia para estudiar mi Maestría en esta disciplina, muchos de mis colegas y amigos peruanos me consultaban sobre mi objeto de estudio, el estudio de las anomalías y las desviaciones de la racionalidad de los agentes parecía entonces algo tan solo anecdótico y curioso. Sin embargo, hoy por hoy, a menos en los círculos económicos, todo mundo esta consciente de esta disciplina, y de las grandes contribuciones que podemos obtener de ella para el diseño de políticas públicas más costo-efectivas en miras del desarrollo, a la par que poco a poco construimos una economía más psicológica, y así más real, y sobre todo más humana.

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