El Status Quo Bias en la práctica de la Economía

El Status Quo Bias en la práctica de la Economía

Artículo de Opinión elaborado por Mirko Daga, analista de BEST

Hoy por la tarde, mientras navegaba en Facebook, un amigo preguntaba qué opción elegir en un formulario de impuestos que le pedía responder “sí” o “no” a una pregunta. Su padre, quien al parecer había rellenado formularios similares, le recomendaba usar la opción por defecto: “no”. Comentarios más abajo y luego de los comentarios de abogados especialistas en tributación – mi amigo es abogado, pero se especializa en otra rama – pudo darse cuenta de que la opción que más le convenía no era la predeterminada, sino la contraria. Además, la opción que va de acuerdo a los lineamientos de política económica del gobierno es que los agentes elijan la opción “sí”.

¿Conocerían los encargados del diseño del formulario el concepto de status quo bias? Supongo que no, pues de conocerlo seguramente habrían puesto como opción predeterminada el “sí”. En este punto, el lector no familiarizado con Economía Conductual seguramente se preguntará de qué trata esta idea del status quo bias. En palabras simples y resumidas en extremo, la idea de status quo bias señala que las personas tienen una tendencia a elegir la opción por defecto: si se da cuenta, podrá notar que usted seguramente usa la mayoría de las opciones de su teléfono en la opción por defecto, ¡quizá hasta le haya pasado que estando en la calle suena un celular, se dispone a contestarlo y no es el suyo!, solo que la persona dueña del otro celular también dejó el timbre que venía por defecto.

Este aparente e irrelevante detalle acerca del comportamiento de las personas, puede tener profundas implicancias. Por ejemplo, en cierto lugar se puso como opción predeterminada la donación de órganos, lo que causó un gran aumento en las personas que elegían donar sus órganos. Aplicar conocimientos como los mencionados, podría ayudar enormemente a los encargados de formular políticas públicas a hacer más efectivo su trabajo. ¡Es una gran idea investigar esta área! Podríamos ayudar a que las personas decidan mejor y por consiguiente tengan mayor bienestar.

Con ideas así de simples y brillantes, cabe preguntarse ¿Por qué no se nos ocurrió antes? Aunque las ideas parecen simples, ellas tienen detrás muchos años de investigación y estudio del comportamiento humano y de cómo las personas toman decisiones. Adicionalmente a esto, se me ocurre una posible causa extra: la Ciencia Económica ha estado siendo víctima del status quo bias. Como cualquier estudiante de pregrado en Economía sabrá, la piedra angular de la Economía se basa en el supuesto de individuos racionales, los homo economicus. Según esta concepción, las personas siempre tomamos las mejores decisiones que podamos: evaluamos ventajas y desventajas, consideramos toda la información disponible y no nos dejamos guiar por nuestras emociones, sino que calculamos detalladamente cada decisión.

No obstante, cabe preguntarse entonces ¿Lo ha hecho usted alguna vez en su vida? Por ejemplo, al comprar el dispositivo desde el que lee este artículo, ¿Se ha preguntado por el ancho del bus de datos? Porque sin un buen bus de datos, hasta la mejor memoria RAM o el mejor CPU tienen un desempeño deficiente. Incluso cabría preguntarse si se ha preguntado por la RAM o el CPU de lo que compró, ¿tal vez se dejó guiar por la marca y confió en que esta le garantizaba un buen producto? ¿O siguió de la recomendación de un amigo, o el propio vendedor de la tienda?

Claramente, en muchos aspectos de la vida cotidiana las personas nos manejamos como individuos que, a la vista de un Economista profesional, son irracionales. ¿Por qué los economistas seguimos insistiendo en la racionalidad? Como mencioné anteriormente, una posible explicación radica en el status quo bias. Pues, los supuestos que conocemos actualmente, mantienen su forma, con ligeras variaciones, desde la época de Alfred Marshall o quizá antes. Un intento de escapar a este mandato vino de la mano de Keynes, quien apeló a los espíritus animales de los inversionistas. Sin embargo, a partir de la década del 60 finalmente los modelos de tendencia keynesiana también están basados en los “sólidos fundamentos microeconómicos”. Seguramente sospecha el lector, cuáles son estos principios: individuos racionales, en pocas palabras.

Antes de empezar a despotricar en contra de estos principios, quizá un poco de empatía sea necesaria. En primer lugar, es necesario considerar el contexto en que dichas ideas fueron planteadas: finales del siglo XIX y principios del XX. En ese entonces, los economistas no contaban con las herramientas tecnológicas necesarias para realizar análisis exhaustivos, no había supercomputadoras ni acceso a Big Data. En ese sentido, es admirable y valioso el trabajo que realizaron, pues crearon marcos conceptuales y de análisis que pretendían ir más allá de la simple intuición o las creencias, apuntando a hacer de la Ciencia Económica una disciplina que provea herramientas de análisis y solución fácil y efectiva. Estas herramientas son ampliamente conocidas y usadas por economistas: modelos de equilibrio general, Econometría que hace posible estimar muchos de los parámetros requeridos, etc. A fin de cuentas, parece que los economistas lo han hecho bien.

La parte triste de esta historia es que muchos de estos modelos, que fueron de gran ayuda en algún momento, han fallado dramáticamente en otros: en ningún modelo económico estándar podría tenerse siquiera como posibilidad una crisis como la de 2008, sólo por poner un ejemplo. Dicho error podría deberse a dos razones: en primer lugar, su extrema simplificación. En muchos de estos modelos, usualmente se usan empresas e individuos representativos. La idea detrás de esto es que, si bien son muchas las diferencias entre nosotros, estas se compensan y al final es como si todos nos comportáramos como una “persona promedio”. Esta parece ser una buena idea, pero se ha descubierto que en sistemas complejos, una pequeña desviación en uno de los elementos del sistema genera un cambio inmenso en el conjunto. En lenguaje simple, es suficiente que las personas se comporten sólo “un poquito” diferente del individuo promedio usado en los modelos, para que los resultados sean completamente distintos. Este hecho ha sido agudamente señalado por Joseph Stiglitz en su libro Caída Libre, seguramente ha escuchado alguna vez la poética frase “El vuelo de una mariposa en Hong Kong puede generar una tormenta en Nueva York”, el conocido efecto mariposa.

La segunda razón, estrechamente ligada a la primera, es que los supuestos usados para generar los modelos en mención son los ya criticados. Es de esperar que la mayoría de individuos se desvíen de lo supuesto por la teoría, si una pequeña desviación causa variaciones globales en el sistema, ¡imagínese una desviación por la mayoría de individuos!

Otro ejemplo de status quo bias, es el relacionado con la construcción de los datos que usamos los economistas. Muchos economistas, hemos escuchado que el PBI es un indicador bastante impreciso, pero lo siguen usando los miembros de la profesión, así que se erige como la opción por defecto. En ese sentido, en muchas investigaciones los economistas no se detienen a pensar si deberían usarlo o no, simplemente eligen lo estándar, como en el ejemplo del formulario de impuestos, expuesto al inicio.

Habiendo visto las fallas de los modelos estándar y viendo cómo se usan por inercia, además de otras causas que escapan del propósito del presente artículo, es necesario proponerse la tarea de trabajar con nuevos métodos y herramientas. La economía conductual se presenta como una alternativa viable: ahora tenemos supercomputadores y big data, podríamos hacer modelos cada vez más avanzados, y así cumplir mejor la tarea como economistas, el de procurar el mayor bienestar posible para la mayor cantidad posible de personas. Nos vemos en el camino.

 

 

 

 

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